jueves, 14 de enero de 2016

Ingravidez

«Es un hombre maravilloso»

No dijiste nada. Me dejas hablar como si de mi boca saltasen las verdades más amargas, absolutas. Amo tu silencio que no me cuestiona.
 No dijiste nada cuando te dije sobre lo del poeta frustrado ahora trovador. Es idiota escribir sobre lo indecible. Es decir, sobre esto que jamás podré explicar. Uno no podrá nunca escribir algo decente si lo que intenta es explicar. Y lo que quiero es que al leerlo, tu sensibilidad explote como un haz de luz que se hace trizas en algún rincón del universo.
Quiero que recuerdes el paisaje nítido como si fuese un sueño. Mira de nuevo a los niños jugar. Ir de un lado a otro. Gritar como sólo puede hacerlo un alma que apenas percibe toda la mierda que le rodea. Escucha de nuevo el sonido apagado de los años. Una voz que vibra en un Ojalá que se desvanece en el arpegio . Un golpe, una bala, un dejarse ir en el deseo de morir sin recordar. Aprendimos a guardar silencio de manera urgente. Romperlo significaba volver a pisar este suelo tan patético que nos heredaron. Y no queríamos volver. Deseamos meternos uno dentro del otro como una promesa irrompible. Deseamos retornar infinitamente al sitio de nuestra galaxia de vibraciones musicales. Todo, y el beso que nos dimos fue el único destello de aquella quimera.
   Recuerda tu cabeza sobre mi hombro.
 Recuerda que quisimos perpetuar el tiempo y quedarnos así hasta que la eternidad se resbalase por tu mejilla.
Recuerda que te quiero.
Te quiero, y por eso esto que no se parece a lo que quise escribirte, a lo que quise darte.
Parece idiota porque es verdad. Es verdad que te quiero y que esa tarde fue como volver a la infancia.

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