lunes, 6 de junio de 2016

Música para los ojos


Tchaikovsky derrumbándose en la imposibilidad de tu mirada
Mozart aupado en el desván de tu alegría
Salta Chopin melancólico y nadie sabe de su borrachera florida
Huraño, Beethoven, se dibuja en el espejo invernal de tus calles

Ha llovido
Tartini sueña de nuevo
Otra vez el demonio construye notas vaporosas que a la mañana siguiente el pobre desgraciado querrá reproducir
Paganini, alto y peligrosamente triste, acude a su instrumento diabólico, etéreo, anárquico
Y vos sola frente a un portal que no termina de abrirse
Mientras una ninfa de policromía imposible se diluye con tu risa

Ya es tarde
Quisiera repararte para la otra vida y eso no me deja dormir
Pero vos y tu efervescente capricho de no dejarme entrar me aniquilan en el insomnio

No quieres hablar, vale, lo entiendo
Pero es tarde
Ha llovido
Y un gato camina en las frías sombras de la noche

A lo lejos, una minúscula voz cantando:
«Y las muñecas tan sangrantes están de llorar»


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