martes, 5 de abril de 2016

Alucinógeno para no dormir

Desciendo
Allá arriba es toda una habitación con libros
Es todo un cuento difuso
Hay fábulas y requiems dorados
Grandes osos que construyen murallas para no ser atacados por las hormigas
Y estas, a su vez, temen por el ímpetu del arándano salvaje

Desciendo
Schiller no quiere tomar la cerveza que le he ofrecido
Él sin embargo insiste en que inhale su fantástico polvo de murciélago con petunias del Afganistán

Le digo:
Oye, que estoy escribiendo y quiero hacerlo sin parecer que estoy ebrio o que soy un grandísimo hijo de puta
Idiota. Ellos no van a terminar de leer siquiera la primera línea, etemorizado, es cierto, de equivocarme, pues dudo que les sepa a vino tu insidioso título de... mmm, déjame ver, jumm, ¡tanto da!
¿Qué quieres perro del infierno?
Ya no escribas
¿Y cómo hago para no revelarme el otro lado incuestionable?
Desciende

Desciendo
Ya no llueve en mi jardincito de algodón
He venido hasta esta otra parte del proceso, antes de haberme escapado en el vaivén de la pólvora
Antes de meterme el tiro
Allá arriba todo es baile de lupanar y gárgola
El vampiro de la noche es afable y risueño
Y en la esquina, un anciano de melena sucia, bajo la hiriente onda lunar, apura su amargo trago de idolatría
Tiene dos hoyuelos en sus manos por donde se cuelan los mosquitos 
Y uno en cada pie
Le di una moneda
Pobre, ojalá dejen que descienda
O que al menos lo intente
Con petunias

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