viernes, 18 de septiembre de 2015

Hombre recostado en la pared

La luz se parte en tres pedazos, y con ella, la silueta de un individuo aparece en escena
La gente duerme en sus casas y un tintineo de botellas se esparce en la atmósfera

Deseamos una noche escrita sobre un papel dorado
Deseamos un montón de tinieblas
Y deseamos, esta vez sí, la definitiva, la imprescindible, una joya que brille, un zapato que avance, un hombre recostado en la pared

La larga silueta se incorpora como de un embotamiento
Se dirige hacia la calle principal de la ciudad
Un gris sombrero de fieltro le oculta su fino rostro
La calle solitaria abrazando a ese hombre que lleva una lágrima en la mano
Un revólver o un diminuto celaje que palpita como una gota
Un día ese hombre aparecerá  bajo un puente, sostenido por una soga
O en la punta del Himalaya gritando desconsoladamente sin que nadie esté ahí para escuchar ese hermoso resentimiento
Ese hombre oculta un secreto
Ese hombre, de repente, sin que nadie lo explique, aparece recostado en la pared, con el rostro velado por la penumbra y sus delgadas manos dentro de los bolsillos

Es medianoche, la muerte brota de unos pulmones vaporosos, se reconcilia con la vida al rozar los tres fulgores que caen melancólicamente sobre el césped

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